La antigua alumna, Ámbar Muñoz, fue invitada por el colegio para dar una sesión a las alumnas de Bachillerato. Ámbar es una de las instamoms más queridas en la red. Tienen más de 108.000 seguidores, además es escritora y fundadora de @kotidiano.es.

Ámbar compartió con nuestras mayores el episodio que hizo a su vida dar un giro de 360 grados. Trabajaba en una entidad financiera en una empresa, tenía 2 hijos y, en el embarazo de sus gemelos, tuvo una enfermedad que puso en peligro la vida de sus hijos. Dio a luz prematuramente, con 28 semanas.

Encontró fuerzas en la Fe y luchó por sacar adelante a sus hijos. Fueron años muy duros que le enseñaron a valorar lo sencillo, lo cotidiano, los pequeños detalles de cada día… Desde entonces, y siempre, con una amplia sonrisa, busca hacer de lo normal algo extraordinario. Recientemente ha escrito un libroAmbartxu, y cómo ser madre convirtió lo normal en extraordinario” que recoge estas ideas.

Se hizo instagramer para compartir con otros padres las dificultades de ese momento, pero hoy en día continúa porque entiende que es su manera de ayudar a los demás. Comparte sus aventuras y desventuras como madre de una familia numerosa, pero, sobre todo, comparte una visión súper luminosa del mundo y de la maternidad.

Visitó el colegio acompañada por sus cuatro hijos y fue recibida con mucho cariño por compañeras de clase que ahora son profesoras. Especial emoción los abrazos de reencuentro con Itxaro Sorozabal y Lourdes Beldarrain.

Después de la sesión, hizo un recorrido por el colegio y comprobó que después de tantos años y grandes reformas, la esencia de Ayalde sigue siendo la misma, el cariño por sus alumnas.

Gracias @ambartxu por llevarte contigo lo mejor de @ayalde, nuestros valores. Aquí tienes siempre tu casa.

Puedes ver un vídeo con su testimonio: https://www.youtube.com/watch?v=MOt_9te8Q9A

 

MENSAJES DE ELLA EN INSTAGRAM:

1) Gracias a mi cole @colegio_ayalde por invitarme a dar un paseo por mi infancia y por dejarme compartir mi experiencia con primero y segundo de Bachillerato.

 

2) Volví y cerré los ojos. Y me levanté en casa de mis padres buscando con la mano derecha el despertador. Hasta que me di cuenta de que llegaba tarde. Me puse el uniforme a todo correr. Y me tomé el zumo de naranja que me había preparado mi madre, que me esperaba ya en el garaje para irnos a la parada. “Toma, dinero para una palmera” me dijo mientras me colocaba la camisa…Llegamos justo a tiempo para comprarla en el kiosko y me subí a todo correr al autobús saludándole desde la ventana. “Te quiero” le dije exagerando la forma de hablar para que leyera mis labios…

A mi lado, Mariana y cincuenta minutos de trayecto en el que nos contábamos nuestra vida, repasamos exámenes finales y solucionábamos el mundo mientras íbamos ocupando los asientos cada vez más al fondo hasta llegar a la “plataforma”, que significaba el último año.

Llegamos al cole. Atravesamos el patio y subimos a clase en busca del radiador para entrar en calor mientras iban llegando el resto de niñas. Cuarenta ni más ni menos. Cuarenta amigas. Cada día. Y quince años creciendo juntas.

Maca, Mendo, Zalo, Carlo, Emilia, Lourdes, Paula, Lourdes, Ale, Inés, Laura, Cris…
Están pasando lista. Y estamos todas. Llega el recreo. Y nos buscamos. Jugamos al béisbol y nos sentimos las mejores. Y ahí esta la diferencia. Que todas crecimos sintiéndonos la mejores sin que nadie nos exigiera serlo.

Se acaba el patio. Y subimos a clase. Justo por las mismas escaleras que a todas nos han llevado donde estamos. Saludamos a Itxaro. Que nos sonríe aunque la volvemos loca.
A “La Corcu”, que nos impone pero a la vez reparte miradas y sonrisas llenas de cariño.
A Conchita, que jamás dejó de sonreírnos y a Charo, la encargada del comedor, que le pedimos que por favor nos guarde las chocolatinas que han sobrado…Y nos volvemos a sentar. Cada una en nuestra silla.

Y aún soy capaz de escuchar exactamente el ruido que hacían al colocarlas.
Terminan las clases y salimos corriendo al autobús de vuelta.