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La persona, lo primero.

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Las rabietas, comportamientos normales en niños de uno a tres años, incluyen llantos, gritos, pataletas y otras demostraciones de frustración o ira, que superan la capacidad del niño para controlarlas. A menudo, los niños sienten las emociones, pero no las comprenden y entonces, aparece el conflicto entre su búsqueda de autonomía y la dependencia física y emocional de los adultos.

 

Las rabietas suelen deberse a una baja tolerancia a la frustración. Se dan normalmente cuando el niño no consigue satisfacer sus demandas y deseos rápidamente o cuando no se le permite hacer lo que quiere. También pueden aparecer cuando tiene dificultad para expresar un deseo o necesidad o en los casos en los que quiere atraer la atención de las personas significativas.

En el Primer Ciclo de Educación Infantil son una constante en el día a día, por ello tanto padres como profesoras trabajan para que esas conductas vayan desapareciendo en los niños. Ahora que está próximo el período vacacional tampoco se debe bajar la guardia, por lo que sería bueno seguir algunos consejos.

Mantener siempre la calma. Marcar normas y límites en los que estén de acuerdo tanto el padre como la madre y responder ambos, del mismo modo cuando surja la rabieta. Reaccionar de forma tranquila pero firme, sin ceder a sus caprichos. Distraer su atención hacia un juguete o actividad de su agrado. Utilizar tonos de voz estimulantes cuando se quiere que el niño haga o deje de hacer algo. Cuando la rabieta esté en curso y tenga como objetivo obtener atención, la respuesta más efectiva es ignorarla.

Es importante que los padres mantengan actitudes coherentes, unánimes y calmadas ante las primeras rabietas, ya que de ello dependerá en gran parte el comportamiento del niño en el futuro. Hay que intentar comprender los motivos que desencadenan la explosión emocional y ser empáticos con el pequeño, es decir, ponerse en su lugar y tratar de entender sus sentimientos y emociones.

No hay que olvidar que, en muchas ocasiones, el mal comportamiento se debe a que el niño busca, a través de la experiencia, la orientación de lo que debe o no debe hacer, pide la atención en exclusiva de las personas que para él son importantes, o simplemente trata de constatar que tiene voluntad propia.