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La persona, lo primero.

Contigo hasta la meta.

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El desarrollo de la autonomía personal es un objetivo prioritario en la educación de nuestros hijos, por tanto, sería una pena olvidarlo a lo largo de las vacaciones, ya que los niños aprenden también a ser autónomos, a través de las pequeñas actividades diarias que desarrollan en casa.

 

Los niños desean crecer y quieren demostrar que son mayores en todo momento. Cada hijo desarrolla sus capacidades de una forma distinta, de ahí que tengamos que conocer cuáles son, para poder ayudarle en su justa medida y no solucionarle la tarea cuando él es capaz de realizarla solo. Se le debe dar la oportunidad de experimentar, de equivocarse, de fallar y de acertar, y todo eso lleva un tiempo y dependerá de la edad y de la capacidad de aprendizaje de cada uno.

 

Las vacaciones son un momento muy adecuado para hacer que nuestros hijos sean cada vez más autónomos. Algunas ideas podrían ser: intentar que sigan teniendo un horario y un orden (dentro de lo posible); compartir y disfrutar con ellos todos los momentos, no darles las cosas hechas, enseñarles a hacerlas; hablarles de todo lo que ven, hacer que presten atención a lo que hay a su alrededor (hacer que se fijen en cualidades de los objetos, colores, formas…), explorar e investigar juntos.

 

También es interesante que todo lo que han hecho a lo largo del curso lo sigan llevando a cabo. Por eso es positivo seguir animándoles a que hagan las cosas por ellos mismos (vestirse, desvestirse, ponerse los zapatos, utilizar los cubiertos…); no abandonar los límites puestos durante el curso, no ceder ante sus caprichos; darles pequeños encargos de traer y llevar cosas; crearles pequeñas responsabilidades (por ejemplo, encargarse de poner las servilletas en la mesa); hacerles responsables de recoger sus cosas, quedando éstas recogidas después de jugar, etc. De esta forma, permitiremos que nuestros hijos sigan avanzando por sí mismos también en este largo período vacacional.